miércoles, 29 de julio de 2009

La cruz de hierro



Tras su mala experiencia con su anterior filme, Peckinpah se embarcó ahora en la que habría de ser última gran película.


La cruz de hierro es un drama antibélico que cuenta la historia de un batallón nazi en su lucha contra los rusos en la segunda guerra mundial. En este contexto, se contrapone la valentía de los soldados con la cobardía de su superior.


El tono crepuscular de Peckinpah, sobre el hombre que ha vivido una vida dura y se enfrenta a su desafío final, se adecua aquí a la perfección al drama de la guerra, cuya crudeza afecta a todos los soldados por igual, ya sean niños o viejos.
Peckinpah hace su única película bélica y, en contra de lo que podríamos esperar, huye de ser una adaptación de Grupo salvaje u otro film anterior a un contexto más moderno.


Con un presupuesto muy ajustado, el director se rodea de grandes talentos, tanto actores como técnicos, para llevar a cabo la filmación.
Su tercera colaboración con James Coburn y David Warner tiene también a los célebres Maximilian Schell y James Mason, el primero en un papel crucial como contraposición al personaje de Coburn.


La cruz de hierro es una producción pequeña, pero tan bien aprovechada que no pierde un ápice de su impacto.
Y no sólo por la intensidad de sus actuaciones (en especial, en todo su final) o por la espectacularidad de ciertos momentos, sino también por la dramática banda sonora de Ernest Gold y la atmosférica fotografía de John Coquillon, que, combinados con el característico montaje a que el director nos tiene acostumbrados, da una visión de la guerra diferente a la habitual.
El conflicto que presenta el director tiene lugar en espacio claustrofóbicos y es tan dramático (las muertes de los personajes) como terrorífico (la escena del tanque) y confuso (los enfrentamientos en las trincheras). Como él sabe hacer, Peckinpah sumerge al espectador en medio de toda la lucha y le hace participe de ella.


Pero La cruz de hierro va más allá de estas espectaculares escenas de batallas y nos presenta toda una elaborada subtrama antibélica que por momentos puede recordarnos, salvando las distancias, a la de la magnífica Senderos de Gloria (Paths of Glory, 1957) de Stanley Kubrick.
Como ésta, La cruz de hierro nos presenta a un soldado valiente que sacrifica las vidas de sus hombres por culpa de un superior que, debajo de su apariencia, no es más que un cobarde.
La película de Peckinpah retrata el horror de la guerra ya desde su inicio y, para enfatizarlo, sitúa la acción en el ejercito nazi, en lugar de quedarse con el heroico bando contrario. Los soldados sufren sean del bando que sean, mientras son observados por sus superiores, quienes les instan a que salgan a combatir, como se ve en la magnífica escena del hospital, con un Coburn obsesionado por sus compañeros caídos y rodeado de soldados mutilados por la guerra.


La película hace derivar el enfrentamiento entre sus dos protagonistas en una decisión dramática y que conducen al mejor momento de la película, en que, tras su enfrentamiento dialéctico, Coburn obliga a Schell a demostrar si es realmente digno de la cruz de hierro.


La única incursión de Peckinpah en el cine bélico resultó en una película antibélica enormemente interesante por la que hasta el propio Orson Welles mostró admiración.


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1 comentario:

  1. La última gran película que me faltaba por ver Sam Peckinpah. Sin estar a la altura de sus mayores joyas, me ha parecido muy buena y a grandes rasgos coincido en todo lo que has destacado, sobre todo en que no es el tipo de film bélico que uno esperaba de Peckinpah.

    Pelos de punta con la escena del santo y seña, para mí el momento cumbre de la película junto a las alucinaciones de James Coburn en el hospital.

    Y dicho sea de paso, es curioso que para su única película bélica, Peckinpah se atreviera a narrar una historia desde el punto de vista de los alemanes, yo diría que era bastante arriesgado aún para su época. Grande Sam.

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