lunes, 16 de noviembre de 2009

The Box

(2009)





Con tan sólo 25 años, el director Richard Kelly sorprendió a propios y a extraños con Donnie Darko, una de las películas de ciencia ficción más interesantes de los últimos años.
Cinco años después, y tras toda clase de problemas (y un recorte de 15 minutos en el metraje), Kelly estrenó (no en España) su segunda película, Southland Tales. Y si bien el guión (tampoco exento de valor) había dejado de ser el punto fuerte de la obra, la película probó que el director tenía un verdadero talento visual.


Tras el estrepitoso fracaso comercial de ésta (con un presupuesto de casi 20 millones, sólo ingreso 300.000 dólares), Kelly decidió ir por caminos algo más convencionales, adaptando un relato corto de Richard Matheson, y contando con Cameron Diaz y James Marsden para protagonizarlo.
The Box cuenta la historia de un matrimonio que recibe una extraña caja con un botón. Si lo pulsan, una persona a la que no conocen morirá y ellos recibirán un millón de dólares.


The Box reúne todos los elementos típicos de Kelly, pero, por primera vez, lo hace en un modo de piloto automático que por momentos asusta, ya desde su misma historia.
Y es que si algo llama la atención de The Box es lo convencional que puede llegar a ser.
Partiendo de una idea interesante y aportando ciertos elementos característicos, Kelly lleva la película por el terreno de lo fantástico, en lo que parece una versión seria de la delirantemente disfrutable Demasiados secretos para un hombre solo (The President's Analyst, 1967).


El problema no sólo es que los personajes que pululan por The Box carecen absolutamente de carisma y se enmarcan en los tópicos más vistos del cine (y son interpretados por demoledores errores de casting), sino que el argumento propuesto por Kelly termina resultando demasiado surrealista para ser real y demasiado real para ser surrealista. El director de Donnie Darko parece querer explicar lo inexplicable, fallando en el intento, y encerrándose a sí mismo en un cansino callejón sin salida en el que parece que todo vale.


Y si Richard Kelly falla, pues lo hace a lo grande y falla en absolutamente todo.
Visual y sonoramente, la película carece de la fuerza de sus anteriores trabajos, y más que intentar recrear un ambiente de la época o algo más irreal, la película se inscribe en la típica factura del thriller moderno, con un aspecto visual que no transmite nada, una banda sonora intrusiva (aunque acertada por momentos) y una pareja protagonista que no aguanta el peso de la película.


Al final, The Box es una película que no transmite nada y ni siquiera logra entretener.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Celda 211

(2009)





La carrera de Daniel Monzón, aunque no demasiado brillante, no está exenta de cierto atractivo.
El mallorquín comenzó en esto del mundo del cine como crítico y de ahí dio el salto al guión con Desvío al paraíso (1994).
Su debut en la dirección sería con la curiosa pero no demasiado lograda El corazón del guerrero (2000), a la que seguiría la divertidísima e intrascendente El robo más grande jamás contado (2002).
Quizás con intención de no repetirse, Monzón pasó después al thriller con la monótona La caja Kovak (2006) y prueba ahora suerte en el drama carcelario con Celda 211.


Juan Oliver (Alberto Ammann) llega a su nuevo puesto como guardia de prisiones justo cuando estalla un motín. Atrapado en la cárcel, deberá hacerse pasar por un preso más para salir vivo de allí y reunirse con su mujer (Marta Etura), lidiando con el temible Malamadre (Luis Tosar).


Muchas cosas caben decir de Celda 211, tanto buenas como malas.
Y es que, si bien la película no es para nada despreciable, no puede evitar caer en ciertos convencionalismos y simplezas, especialmente en su inicio. Aunque no tan americanizado como cabría esperar, el guión de Monzón y Jorgue Gerricaechevarría (colaborador habitual de Alex De la Iglesia y de Monzón desde El robo más grande jamás contado) no puede evitar ciertos elementos que, si bien muy vistos en otras películas, se antojan verdaderamente forzados en una producción de estas características.


Presentaciones supuestamente impactantes, frases mil veces vistas en thrillers y situaciones por momentos inverosímiles (los dos o tres planos de personajes declarando carecen por completo de sentido) introducen Celda 211 y, afortunadamente, dejan paso a un drama carcelario en el que Monzón encuentra sus puntos fuertes, que quizás no sean muchos, pero son verdaderamente potentes.


Dejando de lado un desarrollo algo irreal y por momentos forzado, especialmente en la relación entre Juan y Malamadre (que parece responder más a tópicos del genero que otra cosa), es en los momentos concretos en los que Celda 211 logra impactar. Y si bien la dirección de Monzón no sobresale y por momentos resulta bastante impersonal, sabe imprimir un ritmo enormemente acertado a la obra, creando un gran interés y, en determinados momentos, una enorme tensión (toda la escena en la puerta de la prisión, que incluye el momento más impactante del film).


Y gran parte del merito de que Celda 211 funcione corresponde a sus dos protagonistas. Un correctísimo Ammann en su debut como protagonista y un estupendo Tosar, que consiguen dar a sus personajes la entidad que necesitan y hacen que su relación pueda mantenerse.


Rodeándoles se encuentra un reparto que oscila entre lo normal (un Antonio Resines a años luz de lo que demostró en Acción Mutante y Todo por la pasta) y lo mediocre (un Manuel Morón fuera de lugar), y un equipo técnico al nivel, del que sólo cabe destacar (para mal) la labor del por lo general excelente músico Roque Baños, que deja de lado su sonido habitual para meterse en percusiones que parecen más deudoras de la (irritante) banda sonora de Prison Break que otra cosa.


Al final, Celda 211 es una película que no acaba de soportar un análisis argumental concienzudo y que no es tan redonda como podría haber sido, pero que cuenta, especialmente en su segunda mitad, con más aciertos que fallos y, en última instancia, consigue dejar al espectador clavado en la butaca.

lunes, 2 de noviembre de 2009

La noche del demonio

(Night of the demon, 1957)


Tras sus comienzos de la mano del productor de cine de misterio Val Lewton (cuya trayectoria, si breve, no está para nada exenta de interés), con películas tan geniales como La mujer pantera (Cat People, 1942) o Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie, 1943), Jacques Tourneur dio un giro a su carrera y comenzó a probar toda clase de géneros, con diferente suerte.
Desde la panfletaria Días de gloria (Days of glory, 1944) hasta la imprescindible Retorno al pasado (Out of the past, 1947), pasando por thrillers tan correctos como Berlín Express (Berlin Express, 1948) o filmes de aventuras como La mujer pirata (Anne of the Indies, 1951).


No sería hasta 1957 cuando el director decidió echar una mirada atrás y sacarse de la manga la que es una de sus mejores obras, una película marcada por las mutilaciones. Desde el productor que ignoró los deseos de Tourneur de hacer una película de terror sutil y se coló en la sala de montaje para introducir escenas de gigantes seres del averno, hasta el remontaje para su estreno en Estados Unidos, que dejó a la película con quince minutos menos de su ya corta duración.


La noche del demonio narra la llegada a Inglaterra de un eminente psicólogo americano (Dana Andrews) con el motivo de desacreditar a un supuesto experto en magia negra (Niall McGinnis).


Con este argumento, el guión de Hal E. Chester y Chales Bennet, colaborador habitual de Alfred Hitchcock en su etapa inglesa, rescata el espíritu de las mencionadas películas producidas por Lewton en los años 40, cuyo suspense y terror se basaban en lo sutil.
A pesar de esos dos minutos en que el susodicho demonio del título hace su aparición (en la visión original de Tourneur, era más intuido que mostrado), La noche del demonio se caracteriza por su sutileza y su guión de hierro, empezando por el malo de la función, ese por momentos ambiguo doctor Karswell encarnado magnificamente por McGinnis.


Dando una vuelta a los estereotipos, la película nos sumerge en el progresivo descubrimiento que hace Andrews de esta magia negra, junto a ese enemigo que va más allá de poner miradas malvadas, y que culmina en ese esplendido momento final con un abrigo de por medio.


La fotografía de Edward Scaife y la música de Cifton Parker son los elementos fundamentales que utiliza Tourneur para dotar a la película de esa ambientación tan característica que retrotrae al comienzo de su carrera.
El director francés crea una atmósfera de misterio (el comienzo) y terror (Andrews en el pasillo del hotel) que se erige como el complemento perfecto al guión de Chester y Bennet y que en última instancia hace de La noche del demonio la esplendida película que es.

viernes, 23 de octubre de 2009

Cómic: Hellboy

Lanzado a la fama por las dos películas firmadas por Guillermo del Toro, Hellboy es uno de los superheroes más recientes del mundo del cómic y, junto con El Bruto, uno de los más logrados y estables a día de hoy.
La fuerte personalidad de Mike Mignola, conocido del mundo de la viñeta, convierte a Hellboy en su creación. A diferencia de lo que sucede con compañías como DC o Marvel, controladas por ejecutivos que buscan diseñar ergonomicamente los comics más comerciales, Mignola se asemeja más a Alan Moore y Eric Powell, en cuanto que controla perfectamente su universo personal.


Hellboy no está en manos de equipos creativos que buscan nuevos y enrevesados giros de argumento imposibles, ni en manos de autores que reversionan con mayor o menor acierto un personaje ajeno. Los comics de Hellboy, guste o no, están completamente en manos de Mignola.
Y el autor se desmarca de lo habitual con un superheroe que debe más a otros medios que al mundo del comic y cuya evolución y tramas guardan poco o ningún parecido con el mundo de Spider-man, por poner un ejemplo conocido.


Mignola vincula su pequeño demonio con el mundo del cine y la literatura y utiliza decenas de influencias para conformar un todo por el que sus personajes se mueven.
En última instancia, Hellboy y Abe Sapien parecen una mezcolanza entre Sam Spade y Arnold Swarchnegger pululando por los siniestros y bizarros mundos de H.P. Lovecraft.


Mignola saca adelante tan extraña combinación mediante historias cortas que toman elementos de antiguas tradiciones y leyendas macabras y se erigen como cuentos sombrios con peculiar sentido del humor y cierta ironía, que nos retrotrae tanto a los relatos cortos de Edgar Allan Poe, como a los de Roal Dahl o a Rod Serling.
Y el autor coloca estas pequeñas historias en medio de un cuadro mucho más grande, una épica historia que Mignola solo controla y cuyo desenlace algún día nosotros también conoceremos.


Aunque impacte a primera vista, el dibujo de Mignola, de trazo simple y algo esquemático, resulta perfecto para reflejar este universo personal. Y sus viñetas nos llevan a remarcar la enorme importancia del uso del color.
Lo que a veces parece más una formalidad o algo a quitarse de encima, el color, se ve en un puesto de inusitada importancia en el mundo de Hellboy.
La sencillez del dibujo de Mignola enfatiza marcadamente el contraste de claroscuros pero el color resulta vital para terminar de otorgar a la obra ese tono tenebroso, esa sensación de una monstruosa naturaleza insondable que tiñe toda la obra y que, en última instancia, ayuda a hacerla tan lograda y memorable.


Así, Hellboy es algo completamente distinto de lo que las películas o las revisitaciones de otros autores (Hellboy Jr., Historias extrañas) hacen, una obra oscura llena de influencias y conformada con pequeñas historias cargadas de ingenio.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Arma Fatal

(Hot Fuzz, 2007)





El dúo británico compuesto por el director Edgar Wright y el actor Simon Pegg comenzó a llamar la atención con la divertida serie Spaced, que narraba en clave de humor las desventuras de dos compañeros de piso desde el prisma de las referencias cinéfilas y cultural.
Tras ésta, llegaría Zombies Party, nada brillante traducción española del título original (Shaun of the Dead), que no sólo seguía con ese humor peculiar y esas referencias, sino que ahora lo integraba en un argumento de cine de género, la invasión zombie.
Su trilogía de helados y sangre (llamada así por la presencia tanto de hemoglobina como de Cornettos de colores en cada película) había comenzado con esta película, y a ella habrían de seguirle Arma Fatal y la aun por estrenar The World's End.


Como tantos otros cineastas que comienzan, los británicos entran al mundo del cine con todas esas películas que les marcaron como guía.
Y si algunos cineastas se dejan influenciar por estas referencias y las incluyen en su cine de forma secundaria (Zodiac, Bosque de sombras o The Birthday), otros, como Wright o Quentin Tarantino, las sitúan a un nivel más destacado, pero siempre al servicio de la historia.


Así, reconocer los guiños da un valor extra al film, con la ventaja de que hablamos de una referencialidad mucho más accesible y genérica que la del mencionado director de Kill Bill, con elementos de conocimiento común entre cualquiera que haya visto cine de género negro y de acción. Con estos elementos, tenemos una película especial, pues hablamos de una comedia que hace semiparodia de elementos icónicos del cine que homenajea, pero ejerce a la vez de ejemplo de ese mismo cine.
Es decir, Arma Fatal es a la vez comedia y thriller de acción, funcionando perfectamente en ambos campos.


A esto cabe añadir un prodigioso sentido del revisionado. Wright y Pegg componen un guión de historia algo simple, pero de diálogos y situaciones prodigiosamente trabajadas. Y no sólo por su ingenio y su sentido del humor, que también, sino por su gusto por la autoreferencia.
Arma fatal está absolutamente plagada de bromas y chistes dentro de la propia película, desde los más obvios hasta los más sutiles, que no sólo consiguen una película con un atractivo en cada revisionado, sino que dejan al espectador pensando si detalles determinados son referencias muy rebuscadas o simples casualidades.


Con unos 9 millones de euros presupuesto, Wright demuestra un hacer excelente en su segunda película, sacando el máximo partido a cada céntimo, para lograr una obra verdaderamente entretenida, espectacular y adrenalítica cuando debe, con una última media hora simplemente genial, que deja en evidencia la mayoría del cine de acción actual.
Wright crea un ambiente de pequeño pueblo inglés que tiene más de lo que aparenta, y lo hace con un montaje simplemente prodigioso.


Junto a Chris Dickens, montador ganador del Oscar por Slumdog Millionaire, llena la película de cortes y planos rápidos que, lejos de cansar (como si le sucede a Michael Bay), resultan tan perfectamente calculados que permiten al director dar una emoción genuina a la película (la persecución al salir del supermercado), lo que convierte a Hot Fuzz no sólo en una gran comedia, sino en una de las mejores películas de acción de los últimos años.


Y, por último, de mención obligada resulta su reparto, encabezado por un Simon Pegg que tiene mucho más carisma del que Hollywood quiere darle (relegándole a secundario cómico), y con legendarios actores del cine inglés, incluyendo a un simplemente prodigioso Timothy Dalton, en el papel de su vida (lo cual tampoco es muy difícil).


Arma Fatal es una combinación impresionante de diferentes géneros, que funciona en todos y cada uno de ellos, erigiéndose como una película hilarante, entretenida y, es de agradecer, inteligente.


lunes, 19 de octubre de 2009

Videojuego: Uncharted

(Uncharted: Drake's Fortune, 2007)





Poco a poco, el mundo del cine y el mundo de los videojuegos han ido fusionándose. Y mientras el primero cree que podrá captar la atención del público imitando a estos últimos (en aberraciones como Resident Evil 3 o Doom), el segundo piensa que lo mejor que puede hacer es copiar al primero.
Así, esta asimilación no se queda solo en lo exterior, con diversos músicos de cine dándonos grandes bandas sonoras (a destacar el Heart of Darkness de Bruce Broughton, el Broken Sword de Barrington Pheloung y el Lair de John Debney), sino que ha repercutido en un construcción más marcadamente cinematográfica de los juegos.


Así, muchos han dejado pasar los saltos del fontanero Mario sobre champiñones mutantes, para hacer videojuegos cuyo nivel de realismo o, en todo caso, ambición argumental, resulta mucho mayor.
Y si bien todos parecen encontrar en el sobrevalorado Hideo Kojima un perfecto ejemplo de esto, lo cierto es que el japonés tiene cada vez menos clara la barrera entre juego y cine, y se empeña en ralentizar la jugabilidad de sus obras con escenas cinemáticas largas, aburridas y, sobretodo, muy pretenciosas, que lo mismo pueden arruinar un juego (como casi sucede con Metal Gear Solid 4).


Uncharted, por su lado, es el perfecto ejemplo de como llevar correctamente esta combinación, y resulta mucho más cinematográfico de lo que la saga de Kojima jamás será.
Y es que el juego de Naughty Dog, cuya secuela saldrá en breve, bebe de innumerables fuentes del cine de aventuras, desde la clásica Indiana Jones (con todo su componente místico y sobrenatural) hasta la reciente y prescindible La búsqueda (con su banda sonora y ciertos personajes), y su argumento, perfectamente acotado por sus limitaciones, se extiende tanto como necesita, no privando en ningún momento de tiempo de juego y dando cortas pero interesantes y amenas escenas cinemáticas. Es decir, su guión no es brillante, pero nadie lo demanda.
Su jugabilidad, por otro lado, termina resultando excesivamente repetitiva. Y es que la monotonía de escenarios (la selva sudamericana) y situaciones (emboscadas constantes) terminan repercutiendo en contra del propio juego.


No obstante, quizás por su corta duración (lo cual no siempre es una desventaja) y por su intuitivo manejo, Uncharted termina siendo un juego la mar de entretenido, adictivo por momentos, y una cura de humildad para todos los que se emperran en promocionar cada juego que crean como una obra magna de la creatividad humana.


domingo, 18 de octubre de 2009

Música: In the Hall of the Mountain King (Peer Gynt)

Edvard Grieg





Para cerrar esta semana de la música, melodías que usted no debería silbar si visita Düsseldorf.

sábado, 17 de octubre de 2009

Música: Cello Concerto

Antonin Dvorak









viernes, 16 de octubre de 2009

Música: Alleluia and Fugue

Alan Hovhaness



jueves, 15 de octubre de 2009

Música: Flos Campi

Ralph Vaughan Williams

Seguimos con el compositor inglés, con un tema que fue utilizado en el remontaje de The Thief and The Cobbler. Mención especial al minuto 5:29 del segundo video.