jueves, 15 de septiembre de 2011

El cine y las subvenciones: El arte y el negocio

Uno de los temas polémicos que siempre ha suscitado el cine español es el de las subvenciones, tema que ahora reaviva con gracias al director Tinieblas González, que dio a conocer públicamente lo que ha pasado con su película, Alma sin dueño.
No es una novedad, pero sí debería ser un escándalo, que cada año se producen en el cine español decenas, si no cientos, de películas que jamás son estrenadas. Sirva como ejemplo The Birthday, que salió directamente en DVD 4 años después de terminarse, o Extraterrestre, que fue comprada en Francia antes que en España.
Uno de los principales problemas del cine español es la distribución.

Como el propio Tinieblas González dio a entender a los medios, la raíz está en que las productoras recaudan los beneficios con las subvenciones públicas, haciendo irrelevante que se estrene o no la película.
Se nos plantea la pregunta, ¿por qué es necesaria una subvención? ¿Por qué pagamos todos por películas que no podemos ver en cines o que tenemos que pagar para ver, o que no nos gustan?
El ex director del ICAA, Fernando Lara, publica en la revista Fotogramas de septiembre un artículo donde explica que las subvenciones se basan en “la excepción cultural, que intenta preservar esos bienes de aquellos que poseen un simple valor comercial”. Es decir, el cine como arte, o el cine como negocio.

Existe una cierta reticencia general a tratar al cine como arte y se le mira, simplemente, como negocio. Quizás porque es mucho más joven que la pintura, la escultura, la escritura, la música…aunque, curiosamente, los englobe a todos.
Pero si no dudamos de que Beethoven y Van Gogh son arte, no deberíamos dudar de que también lo son Hitchcock y Spielberg. Si unos son mejores que otros, es otro tema distinto.

Por otro lado, también los hay que no quieren tratar al cine como negocio, sino como arte.
La cuestión es que Van Gogh y Beethoven llevan ya muchos años muertos, pero Spielberg está muy vivo, y cada nueva película que hace implica una dedicación completa de cientos de personas y recursos, con el consiguiente dinero invertido que debe recuperarse. Es decir, el cine es arte Y negocio, son inseparables.
Charlton Heston lo resumió con la muy conocida frase “el problema de las películas comerciales es que el cine es un arte, y el problema de las películas artísticas es que el cine es un negocio”, una parte no puede vivir sin la otra, por definición.
El brillantísimo cineasta Paul Thomas Anderson, por su parte, dijo “Veo las películas de Spielberg y son cuentos de hadas, y yo hago una película sobre cáncer y ranas. Aun así, quiero tener el mismo número de espectadores. Ese es un mi objetivo y he fallado si no lo he conseguido”. No era el único. Cineastas de reconocida calidad, artistas personales como eran Stanley Kubrick y Alfred Hitchcock (por citar dos) tenían siempre un ojo puesto en la taquilla.

El arte es una expresión personal de una o varias personas hecha para disfrute de otras; el objetivo de todo cineasta debería ser expresarse y buscar que su expresión y sus sentimientos lleguen al máximo de personas posibles.
Pensar que el cine no es un negocio, que la película de uno es demasiado buena para ser disfrutada por espectadores mundanos, que la expresión personal no tiene por qué ser compartida por otras personas… No es arte. Es, simple y llanamente, masturbación.

El cine no tiene barreras, no más que las que nosotros le imponemos. Presuponemos que una película de género es inferior a un drama, presuponemos que el gran público solo quiere ver películas malas… Y nos encerramos en esa burbuja de dramas mil veces vistos, alabados alrededor de todo el mundo, que fracasan en taquilla porque “los espectadores no saben lo que quieren”. Y como no saben lo que quieren, debemos encontrar subvenciones, para que este nuestro “arte” siga vivo y pueda seguir siendo ignorado por todas las personas a las que, supuestamente, debería apelar.

Hasta que desaparezcan las subvenciones desmesuradas, hasta que haya un control real de producción y distribución de películas, hasta que la industria salga de su endogamia y su autocomplacencia, hasta que los directores acepten que tienen que hacer negocio… Hasta que ese día llegue, el cine español seguirá teniendo un gran problema.

1 comentario:

  1. Totlamente de acuerdo con usted, sobre todo con el último párrafo, que me he imaginado a su persona en un estrado con micrófonos recitándolo a gritos.

    Lo de las subvenciones es algo que todos sabemos, que sólo beneficia a unos pocos y en muchas ocasiones perjudica al mismo cine, lo diga Tinieblas González (con todo el derecho del mundo si lo ve justificado) o el zombi de Gracita Morales. Pero por desgracia la cosa no tiene pinta de cambiar a corto plazo y en ese sentido a nosotros como espectadores, por desgracia, sólo nos queda oír ver y callar.

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